Luz y sombra en la arquitectura.

La creciente tendencia a desarrollar obras con grandes ventanales e instalaciones LED, ha disminuido la impresión del poder que tiene la sombra para darle forma a la arquitectura. Es decir, la fuerte presencia del diseño de luz, les ha quitado protagonismo a los efectos propios de la sombra. Especialmente sobre los materiales al jugar con las irregularidades de la superficie.

Los tipos de sombra en la arquitectura:

Leonardo Da Vinci categorizó la sombra en 3 tipos: La sombra adjunta, el sombreado y la sombra proyectada. La adjunta, según aseguraba el artista, era la que recaía en el objeto directamente, es decir una sombra sólida, como el lateral de un cubo que no recibe luz; La segunda corresponde a contrastes de claroscuro, siendo en este caso responsable la fuente de luz; finalmente, la sombra proyectada es aquella que resulta de la incidencia de un objeto frente a otro.

Según el pintor estadounidense Benjamin West «La luz y la sombra nunca se detienen», siendo un hecho innegable. La luz, sea natural o artificial siempre será dinámica. También  influenciada por la presencia de objetos inertes o el tránsito de usuarios en un espacio.

Bajo este principio basan su inspiración de formas y materiales los arquitectos alrededor del mundo. En este caso, mencionaremos obras de dos grandes exponentes: Oscar Niemeyer y Tadao Ando.

Niemeyer fue siempre una inspiración en la aplicación de la luz como expresión.  La natural, sobre todo, se incluía en cada una de sus obras de manera estratégica como elemento arquitectónico. Jugaba con el trayecto del sol para generar diferentes escenarios sobre cada pared y aprovechaba su presencia como delimitador de espacios.

Tadao Ando, el arquitecto autodidacta japonés, le debe sus inicios a esta forma de energía. “Cuando vi la luz proveniente del óculo del Panteón en Roma, supe que quería ser arquitecto.” No cabe duda, al analizar sus obras, que aquella inspiración romana lo acompaña. Al igual que Oscar Niemeyer, aprovecha la presentación de estructuras irreverentes que se transforman en paisajes animados que van mudando con el paso de la luz.

La interacción de la luz y la sombra resulta fascinante a lo largo de la historia de la arquitectura.

La luz será siempre alegría y movimiento, energía y color. La sombra nos transmite misterio y soberbia, reposo y silencio; pero también la incertidumbre de lo que no alcanzamos a divisar. Sin duda la existencia de la una depende de la otra, y como arquitectos, poderlas vivir y emplear, es parte del deleite del arte de crear.

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